jueves, 9 de marzo de 2006

Réquiem por el mismo mono milenario



Una tiene que verle la cara al imbécil de Ollanta hasta por las puras todos los días, y sólo vuelve a saber de Eielson cuando se ha muerto.





Puta, qué injusta es la vida.







Se nos ha hecho un nudo en la garganta, ojala fuera tan bonito como los nudos que el solía hacer.

Los mismos monos milenarios aquí reunidos, con nuestro corazón como tumor de terciopelo, con nuestros cuerpos enamorados, rendimos homenaje al amante de Caco, el dulcísimo Caco.

Como dice mi causa Erich, nada duele más que en tu país natal la gente no sepa lo genial que eres y serás. Pero Eielson es inmortal, como la belleza y como las palabras. Como Moro, como Lucho Hernández, como Valdelomar.

Y le rindo homenaje con un poquito de envidia, porque quisiera traducir la magia en palabras que le den vida a un pájaro que sabemos que no está ahí pero en verdad sí está ahí.

Ay, Caco, ay dulcísimo Caco, cuántos quisiéramos haber sostenido tu mano en el último trance, antes de convertirte en pájaro de palabras.

Una manzana roja sobre el pasto verde es una manzana roja sobre el pasto verde.

Mira, Jorge, cuántos monos milenarios te queremos ¿no nos extrañas?




Poesia en forma de pájaro









genitales bajo el vino



Óyeme tierra, así, escribiendo así,
En la espesura de pámpanos dormido:
Mi pecho frío junto a mis intestinos
Se ha cuajado. Mis dedos alhajados
Buscan el Árbol de la Noche, clavan
Sus uñas de imprenta en los racimos
De la Vida y de la Muerte. Óyeme tierra
De grandes frutos áureos y serpientes,
Luciérnaga entre muros de papiro,
Negro universo del quinqué y el sexo,
Justicia del gusano, mal Paraíso.
Mírame tierra, así escribiendo, así
Desnudo, Adán poeta, quieto y triste,
En esqueleto, sierpe y uva convertido.




noche oscura del cuerpo
jorge eduardo eielson


cuerpo en exilio

Tropezando con mis brazos
Mi nariz y mis orejas sigo adelante
Caminando con el páncreas y a veces
Hasta con los pies. Me sale luz de las solapas
Me duele la bragueta y el mundo entero
Es una esfera de plomo que me aplasta el corazón
No tengo patria ni corbata
Vivo de espaldas a los astros
Las personas y las cosas me dan miedo
Tan sólo escucho el sonido
De un saxofón hundido entre mis huesos
Los tambores silenciosos de mi sexo
Y mi cabeza. Siempre rodeado de espuma
Siempre luchando
Con mis intestinos mi tristeza
Mi pantalón y mi camisa

cuerpo enamorado

Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y ríe
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora

cuerpo transparente

Completamente azul y despeinado
El corazón y la cabeza entre las nubes
Heme sin mejilla y sin mirada
Con un rayo de luna en el bolsillo
Para vivir
Uso una máscara de carne y hueso
Un cigarrillo y luego una sonrisa
O primero una sonrisa y luego un cigarrillo
Posiblemente encendido
Visto saco y pantalón planchado
Frecuento hoteles amarillos
Nadie me espera ni me conoce ni me mira
Mi cuerpo es humo materia indiferente
Que brilla brilla brilla
Y nunca es nada


Jorge Eduardo Eielson: 1924 - 2006

2 comentarios:

Flucito dijo...

"El mejor recuerdo es una simple canción para alguien que ya no está"
DOS MINUTOS

Edad Sol dijo...

esa nota me sigue doliendo

porque yo tambien


soy una mascara de carne y hueso

materia indiferente

que nunca es nada!!!!!!!!