lunes, 29 de mayo de 2006

Everybody loves Alan



Primero fue mi vecino.

Subí a regar mis macetitas y el brillo rojo desde la ventana de al lado me deslumbró: Oronda como ella sola, la estrellita rojiblanca estiraba sus puntas al húmedo viento otoñal limeño. Falta mucho para navidad, fue lo primero que acudió a mi cabeza, pero entonces me di cuenta de que aquello no tenía nada que ver con el Adviento o con la estrella de Belén...

En los días siguientes en muchas ventanas se alzaba la banderita, sonriente, victoriosa, cool.


Conductor más cool decide hacer de tripas corazón y se pone un gorro rojiblanco, conductor más cool usa una insignia con el rostro de él. Conductor más cool cierra con la Marsellesa su programa nocturno de los domingos.


Abro los diarios y él sale sonriente. Viajo en combi y él está siempre sonriéndome. Por todos lados sonríe, sonríe anchamente hasta la obscenidad de la arruga, sonríe como sabiendo que lo quieren, que tienen que quererlo. Sonríe de pared a pared en cada cuadra y en cada diario y en cada comercial.


Columnista-director de pequeño diario de a china ahora lo piensa mejor. En eras anteriores lo ha puteado, lo ha llamado ladrón, corrupto y otros cariños. Pero el brillo de La Estrella que recorre impetuosa los caminos de la vía láctea electoral, lo ha deslumbrado al punto de hacerle recapacitar, hasta trasladarnos a un mundo paralelo donde las palabras cambian por sus epítetos inversos: él podría ser el hombre que buscamos, él defenderá a los nobles patricios demócratas que preservarán la tradición que nos proviene desde las antiguas cofradías griegas. ¡Más respeto con el César! ¡Más respeto con el que luchará contra la maldad del poder tirano representado por las tiranía de la trompetilla militar!


De pronto los recuerdos de mi más tierna infancia se apelmazan hasta volverse una nebulosa confusa... Las imágenes estaban allí: una vela iluminando solitaria, un poco de leche en polvo, azúcar rubia podrida, dos billetes con la cara de Víctor Raúl y... ¡Chazam! Ahora no están. Las busco en el armario, en el abecedario, debajo del carro, en el negro en el blanco y hasta en la avenida Alfonso Ugarte, pero la pérdida es colectiva, nadie sabe dónde están, nadie los ha visto. Mis recuerdos que antes eran celebridades que ocupaban las columnas de los diarios ahora se han hecho nada. NADA. Y más que nada, se han hecho un tabú.


Y él sigue ascendiendo resplandeciente, sonriente. Él dice ser otro. Él es otro, él ha cambiado, todo hombre merece una nueva oportunidad entona solemne y el coro asiente. Ya no es el mismo de antes. Yo es otro. Je suis un autre dice y Rimbaud se revuelca en su tumba.

Y todos asienten. El trágico coro griego asiente en todas las letras de imprenta en todos los kioscos de la comarca. Y yo, figurita paliducha representante del electorado enyucado, del raquítico porcentaje que aún no sabe qué hacer ante la cita con el destino, titubeo. ¿Qué hacer? ¿A dónde ir? ¿Unirme al coro griego? ¿O quedarme solitaria, a merced de las bacantes de modales castrenses vestidas de uniforme, boina roja y polito rojiblanco que agitan ollas hechas de barro como sus promesas?

Y el coro griego está más febril que nunca, y anuncia buenas nuevas y un mundo feliz; anuncia el fin de la historia y un nuevo comienzo: república con rostro humano, política con rostro social. Y corro, corro hacia ellos con ganas de creerles, me saco los ojos cual Edipo desengañado y me uno al coro hasta reventar mis pulmones y cantar, cantar, cantar... Cantar al son del reencarnado y pechugón Piérola que sostiene una palomita stoneada entre sus manos.

Y es cuando me doy cuenta de que esto es un sueño, un sueño del que no quiero salir, un sueño de opio en el que el humo se hace más y más denso, y yo lo aspiro, lo aspiro con toda la furia posible para prolongar el efecto todo lo que se pueda, lo aspiro entre estrellitas gordas y carmesíes bailando al ritmo de Daddy Yankee sobre la arena; lo aspiro hasta dejarme llevar y que no me importe nada y que se me aparezca una odalisca igualita a Luciana León y empiece a bailar un remix de reggaeton árabe para mí...

8 comentarios:

diego dijo...

si pues, ahora le dicen el salvador, pero no pues, yo no voto por él, porque esa excusa de mantener la democracia a mí no me va, porque no creo que humala haga lo de chávez, porque creo que humala es más manejable, pero es militar.
no
yo no voto por ninguno, así me puteen amigos, compañeros de trabajo y quizás bloggers.

regina_reinadecapitada dijo...

se le comprende, diego, se le comprende...

en realidad vamos a ser puteados aunque votemos por ollanto, por alan o viciado/blanco... en realidad ya estamos puteados

Danza Invisible dijo...

No es un sueño amiga, es una pesadilla!!!
AAAAARRRRRRGGGGHHHHHHH!!

Anónimo dijo...

Garcia es cabeceador, se acordaran que nada de lo que promete va a cumplir, va a crear mas burocracia como el famoso ministerio de la cultura (!!???&*%$#)para colocar a todos sus mozos regetoneros

Sr. Magnus dijo...

Yo me pregunto ahora mi querida reina, ¿dónde nos paramos? ¿al sur? ¿al norte? ¿hay sitio en la mitad? ¿me pueden culpar por echarle ascos a este remedo de país democrático?
¿estamos muertos (o de parranda, que no es lo mismo pero es igual)?

Quizá la vida para nosotros la vida no cambie mucho. ¿Pero que papel es el nuestro en este circo con tan pocas butacas prefernciales y demasiadas populares?

Alfredo dijo...

gracias a dios estoy tan lejos q soy inmune

gracias

gracias dios

chicamigraña dijo...

cdj"SIN AGUA NO HAY DEMOCRACIA"
Aviso imenso del APRA en la eskina de Aviación con Angamos

Creo k no es necesario decir más.

Alejandro dijo...

¿por quién votar este domingo? ésa es la pregunta que muchxs nos hacemos, la situación no puede ser más patética, porque uno da temor y el otro más temor aún (lamentablemente quien da temor o da más temor es un puesto intercambiable día a día por la violencia por ambos mostrada). Es probable que opte por viciar el voto o evaluar con cuál de las dos propuestas tendré mayores posibilidades de reclamar mis derechos como gay, cabro, homosexual, como ciudadano, como persona.
Alejandro