jueves, 26 de abril de 2007

Réquiem por José Watanabe

No suelo leer mucha poesía, pero hago excepciones. Pepe Watanabe fue uno de esos poetas que te arrancan una sonrisa, una reflexión, una sensación de frescura, y hasta una deliciosa nostalgia; como Luis Hernández o como Jorge Eduardo Eielson. Al leer un poema de José Watanabe puedes creer que el corazón se te escape del pecho cuando los cirujanos lo abran para operar, y que luego se vaya al bosque, convertido en sapo, devuelto a la naturaleza. Nadie como él podía haber tomado menos en serio a los poetas :

Deja tu alfiler
de entomólogo poeta
las palabras no son
mariposas con teta

En su poesía se mezclaban la habilidad sintética del haiku y una cosmovisión del mundo desde el pensamiento mítico de la oralidad que cuestiona la occidentalidad. Watanabe pasó su infancia en la hacienda azucarera de Laredo y creció entre mitos y tradiciones orales. Su estilo era conversacional, sencillo, fluido, influenciado por el haiku (poesía japonesa de estilo conciso y simbólico, suele apelar a las sensaciones).








Mi padre empezó a traducirme los primeros haikus cuando yo tenía alrededor de doce años. Dudo que los haya entendido realmente. Basho describía el salto de la rana en el estanque antiguo y yo no sabía que estaba hablando de nuestra condición: un efímero ruido de agua interrumpiendo un gran silencio. Lo que sí entendía era que en los haiku hablaba un hombres parco de actitud, y conciso y coloquial del lenguaje (que hoy sé celebrado). Yo entendía esas características primarias del haiku porque, de algún modo afín y diverso, estaban en mi casa y más allá: en la gente de mi pueblo, austeros descendientes de los trabajadores enganchados del azúcar.




(En El huso de la palabra. Lima, Seglusa Editores & Editorial Colmillo Blanco, 1989. pp. 7)






José Watanabe (1946 - 2007)



El año pasado llevé el curso de retórica con el profesor Camilo Fernández. En el curso nos dedicamos a aplicar la retórica de Arduini y los conceptos de Lakoff y Johnson a la poesía de José Watanabe. Entre muchos análisis me salió este, está lleno de terminología retórica y linguística, pero creo que se entiende. (Sorry, José):


Refulge otra vez el sol

1 Refulge otra vez el sol sobre el río
siéntate en la hierba con espíritu tranquilo
y mira a los muchachos bañarse y reír.
Acepta estrictamente esta visión.

5 (Has mirado tu sombra desde el puente
y te ha extrañado
que no tuerza hacia la corriente)

Tú también te bañaste aquí
y entonces el río era igualmente sucio, dejaba
10 estrías de barro en las comisuras de la boca
donde se formaba esa risa gratuita, risa
sólo por estar allí, zambulléndose
y emergiendo con un único conocimiento,
el de las cualidades tangibles del agua.
15 Ese era el sentido de la risa.
Acepta estrictamente ese sentido y declina
la especulación poética. Porque es tu verso opaco
contra tu brillante alegría de muchacho.


Este poema pertenece a la sección titulada “Lo mismo la palabra” del libro El huso de la palabra. Desde el primer verso, la voz poética enfrenta a su alocutario con el paisaje que y le impone que se limite a observar, como anteponiéndose a su intención. Parecen representar ambos la voz de la conciencia que enfrenta al poeta. En el verso cuarto los vocablos “estrictamente” y “esta” cumplen la función de deícticos discursivos, que señalan un escenario en el que locutor y alocutario se desplazan. El locutor ha divisado un anhelo del alocutario por integrarse al paisaje (torcer hacia la corriente), vemos aquí el primer desliz del conflicto entre dos formas de acercarse a la naturaleza: observarla y sentirla o analizarla.

La “risa gratuita” (verso 11) recalca la “gratuidad” desde el punto de vista del alocutario, es decir un acto no utilitario; percepción que le es enrostrada por el locutor al alocutario. La óptica utilitarista es enfrentada a la óptica contemplativa en la que la risa es resultado de la percepción pura, experiencia por la que el alocutario ha pasado antes.

En los tres últimos versos se le pide finalmente al alocutario declinar la especulación poética (verso opaco), que no está a la altura de la alegría (brillante) de muchacho por no poderla captar en toda su intensidad; la oposición de las tonalidades en esta sinestesia de los colores implica consideraciones distintas sobre cada elemento: lo opaco alude a la limitación de la palabra para la transmisión.

La estructuración similar a la del haiku está presente, la diferencia está en el enfrentamiento. No es un monólogo, sino el enfrentamiento de dos puntos de vista, la voz poética confronta al alocutario. Ambos entes son, según volvemos a proponer, provenientes de un mismo ser. Estamos ante el conflicto entre dos cosmovisiones manifestándose a través de la representación poética y sobre el asunto poético. Otra vez el tópico de la imposibilidad de la palabra, de la arbitrariedad del significante, de lo tendenciosos que pueden ser los versos, de la complicación inútil de la especulación poética, tal vez por buscar mensajes arcanos nos perdemos de la belleza esencial








José Watanabe nació en 1946 en Laredo, departamento de La Libertad, al norte del Perú. En 1970 compartió con Antonio Cillóniz el primer premio del concurso "Joven poeta del Perú", que organizara la revista Cuadernos trimestrales de poesía. Este galardón en su momento fue entregado a poetas como Javier Heraud y César Calvo. Empezaba así la construcción de su obra.

p.d. Aunque su primer amor fue siempre la poesía también tuvo un aporte importante en el cine, escribiendo los guiones de Ojos de perro, Maruja en el infierno, La ciudad y los perros, Alias la gringa, Reportaje a la muerte, Anda, corre, vuela y Memorias del paraíso. (Tomado de Cinencuentro.com)

Mas sobre José Watanabe.





Ta mare, por qué no se muere Ollanta oe...

5 comentarios:

alfredo dijo...

Creo que a todos (incluso los que no lo hemos leido tanto) nos duele la partida de un tipo genial, pero con todo el respeto que merece watanabe yo dejo aca mi comentario acerca de la ultima oracion del post:

jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajaj porque no se muere ollantaaaaaaaaaaaaa
jajajajaj

Paco Bardales dijo...

Ahora más que nunca, luego de la muerte de Watanabe, dudo más de la existencia de Dios...

Ollanta, Ollantita. En fin.

Una pérdida irreparable

Luis dijo...

Bien escrito Reina decapitada, pensaba justamente en los símiles entre Watanabe y Lucho Hernandez.

Lo mismo digo sobre Ollanta...

Elcantante dijo...

me entero de esto recien ahorita en tu post...tamare
y de ollamta ni hablemos porq hace rato deberia estar del otro lado.

mis cajones de adentro dijo...

Watanabe no ha muerto, vive en nuestros corazones!!!

Bien el blog, me encanta!
El enlace para Luchito hernàndez, un acierto!
y si...que se muera Ollanta!!!

besos y èxitos
M.